Diversidad de estilos fotográficos con orígen en España e Iberoamérica
PHOTOART FESTIVAL 2026
2 al 31 de MAYOXPO Off:Lucia Otero Pazos · Nicolás Bernal
INAUGURACIÓN: 2 de may a las 19:30 h.Nuestra relación y compromiso con el mundo de la imagen
Una nueva edición del Photo Art Festival nos trae aires creativos de trabajos de fotógrafos desde diferentes puntos de España y de países de la América Hispana. Esta vez en las exposiciones podremos ver las propuestas de nueve fotógrafos españoles y de dos autores del otro lado del Atlántico procedentes de Argentina y de Colombia. Y además, nos congratulamos por el hecho de que el fotógrafo colombiano sea un joven de 25 años.
Esta concejalía mantiene el compromiso con la creación visual apoyando las iniciativas no solo del Photo Art Festival, sino también aquellas, que surgidas de la actividad fotográfica de más de 14 ediciones de este festival, reúnen a un conjunto de fotógrafos/as en torno a la nueva creación de una asociación fotográfica. De nombre AFICREA, ésta es una iniciativa organizativa que busca sumar esfuerzos y desarrollar propuestas fotográficas y cuya primera manifestación fue el pasado día 10 de abril con una muestra colectiva en base a un poema de José Luis Hidalgo en la Sala de Muro Muriedas.
Espero que esta nueva edición de PHOTO ART FESTIVAL sea del agrado de todos/as.
Diversidad de estilos fotográficos con orígen en España e Iberoamérica
El Certamen de Portafolios del Photo Art Festival de Torrelavega, en sus ocho ediciones realizadas, es un proyecto que nos permite visualizar trabajos de diferentes facturas, procedentes de múltiples lugares de España y, también por la buena participación desde la primera edición, de autores/as que proceden de la América de habla Hispana.
La estadística que hemos recogido nos confirma las variadas procedencias de los autores/as, además constatamos el alto nivel de calidad de los mismos, la cualificación profesional, formativa y técnica de los participantes, según consta en sus currículos. También, los textos que se acompañan y que ilustran las distintas filosofías constructivas, al igual que explicaciones sobre los valores y sentimientos que han volcado en estos proyectos.
La siempre poco poética estadística de las ediciones del Certamen de Portafolios nos revela los siguientes datos:
- 1.170 portafolios recibidos
- Portafolios que contienen más de 14.000 fotografías
- Procedentes de 45 provincias españolas
- Con una presencia de autores/as de 20 países americanos hispano parlantes .con un 35% sobre el total
- Y una creciente participación de fotógrafas que, en la última edición, se eleva al 38%
Nos hemos querido centrar en estos dado debido a que detrás de los seleccionados han quedado trabajos de gran calidad, originalidad , imaginación e incluso riesgo en el caso de los reportajes en zonas conflictivas o por estar hechos en situaciones nada fáciles.
La fotografía documental ha tenido siempre una presencia unida a acontecimientos importantes que se sucedían en el mundo. En ediciones anteriores Gaza tuvo su espacio, hoy sigue con su martirio. En esta ocasión, la selección ha contado con importantes aportaciones visuales sobre los incendios que el año pasado han asolado nuestro territorio. Como queriendo denunciar el abandono y limitado apoyo de las instituciones al tesoro de los ecosistema naturales de montes y bosques que han cambiado, por los incendios, de su habitual verdor a un color gris-oscuro que se conjuga con los dramas personales vividos en las zonas afectadas. Los trabajos han sido realizados por los fotoperiodistas Elena Fernández y Miguel Muñiz y por Lucia Otero (exposición “off” del festival)
Del continente americano presentamos un trabajo de localización de pequeñas capillas exteriores a modo de facilitar el rezo del viajero o el recuerdo de estar sobre tierras de creyentes que son o lo fueron. Muy exquisitas las imágenes de la argentina Patricia Ackerman.
La fotografía documental es viajera y presentamos dos trabajos de reportaje, esta vez, ubicados en el continente asiático. Uno de ellos sobre águilas y rebaños un reportaje muy cuidado de Katy Gómez Catalina. El otro portafolio del autor Santiago López, trata sobre las características específicas de tránsito de personas y movimiento de mercancías en un punto fronterizo entre India y Pakistan y nos muestra las circunstancias de estos no-lugares.
La fotografía estructuralista casi bordeando la que fue denominada “Nueva Objetividad”, ha tenido una muy notable representación en un trabajo con un especial cuidado por la composición de Tete Alejandre. Exposición seleccionada por Portugal que se expondrá en septiembre en el Centro Portugués de Fotografía (CPF-Ministerio de Cultura Portugués) con todo tipo de honores.
Tampoco ha faltado un tema sobre la identidad de género del colombiano Nico Bernal. Cuestión muy actual con un trabajo que reivindica el respeto a las decisiones personales sobre el particular. Exposición “Off” del festival.
La fotografía de calle viene de la mano de David Salcedo con un trabajo muy centrado en la visión particular del autor en un tránsito entre el documento y la imagen personal.
La cántabra Mar Pajarón, persona especialmente creativa, nos ha presentado un trabajo sobre la base del retrato desde la composición con elementos adicionales y la imagen final en negativo. Jordi Solà es, junto a la anterior autora, la parte creativa del festival, con composiciones muy estéticas de flores y frutas, en imágenes construidas con un color muy atractivo.
Todos ellos conforman once exposiciones muy sugerentes, con una carga, esta vez, de mayor presencia de lo documental acorde con los acontecimientos más recientes que se suceden por aquí y por allá, pero todos, los creativos o documentales, de una calidad indiscutible. Por lo anterior, se trata de un evento muy aconsejable de visitar.
EXPOSICIONES
David Salcedo
Ocho puntas
Es difícil definirlo como lugar, pues es solo un conjunto de rutas sin origen o destino claro. La gente no lo vive, lo transita cuando se ve obligada a ello y tienen las fuerzas para soportar su dureza y aspereza. Atravesarlo siempre tuvo algo de aventura y cualquier hecho que ocurra allí sirve para alimentar el anhelo de permanecer en él lo mínimo posible. Toda ciudad en lo más hondo de su alma tiene un rincón así. En Barcelona es plaza Cataluña, cuyo centro esta custodiado por un ejército de palomas y corona una estrella de ocho puntas.
Elena Fernández
Memoria del fuego
Durante el verano, los incendios forestales arrasaron amplias zonas de España y Portugal. Solo en España ardieron más de 400.000 hectáreas. En Galicia, el fuego devastó cerca de 209.000 hectáreas, siendo Ourense la provincia más golpeada, con más de 170.000 hectáreas calcinadas. Tras estas cifras hay aldeas que resistieron como pudieron, vecinos enfrentándose a las llamas con medios precarios, animales que huyeron o quedaron atrapados y paisajes reducidos a ceniza.
Las heridas del fuego no se limitan a lo visible. Son heridas del territorio y de la memoria: el olor persistente a humo, los montes en silencio, los rostros marcados por la impotencia. Lo cotidiano se transforma en pérdida y el verde deja paso al negro.
Esta serie no busca mostrar el incendio como espectáculo, sino su huella. El fuego apenas aparece: se intuye en el humo, en los restos, en la distancia y en la quietud posterior. Las imágenes se detienen en las personas que lo atravesaron y en el territorio herido que permanece después.
En medio de la devastación quedan los cuerpos cansados, las miradas que sostienen el recuerdo y los gestos mínimos de cuidado y reconstrucción.
Fotografiar aquí es una forma de escuchar lo que permanece cuando todo parece haberse perdido: la memoria del fuego y la persistencia de la vida.
Jordi Sola
Fragilidad de lo íntimo
Fragilidad de lo íntimo es un proyecto fotográfico que explora la sensualidad desde la sutileza y la metáfora. A través de frutas y la presencia delicada de flores, las imágenes construyen un lenguaje visual que sugiere más de lo que muestra, situándose en el límite entre lo corporal y lo simbólico. La fruta, con su interior expuesto y vulnerable, evoca el deseo, la entrega y la fragilidad del cuerpo, mientras que la flor remite a lo efímero y a la belleza transitoria.
El proyecto propone una experiencia de contemplación íntima y respetuosa, donde el erotismo se transforma en un gesto poético. Desde una dimensión personal, la obra nace como una reflexión sobre la vulnerabilidad y su fuerza silenciosa, invitando al espectador a una mirada cómplice. Fragilidad de lo íntimo se presenta así como una poesía visual que convierte lo cotidiano en un territorio emocional, celebrando la delicadeza que habita en lo transitorio.
Katy Gómez Catalina
Entre águilas y rebaños. El legado de los pastores del Altái
Nos rodea la inmensidad de las montañas del Altái, un rincón de Mongolia donde convergen Rusia, China y Kazajistán, y donde los pastores nómadas kazajos han forjado durante siglos un vínculo único con las majestuosas águilas reales. Más que una tradición, esta relación es una simbiosis entre el hombre y el animal, un legado ancestral transmitido de generación en generación.
Los cazadores capturan águilas jóvenes, les dan un nombre y las crían con dedicación. No se trata solo de entrenarlas para la caza, sino de integrarlas en la familia como un miembro más. Estas aves crecen rodeadas de cuidados y respeto, reforzando un lazo que trasciende lo meramente funcional.
Cuando llega el momento de la caza, los nómadas del Altái cabalgan con una destreza asombrosa sobre sus pequeños y resistentes caballos. En el instante preciso, liberan a sus águilas para que se lancen en un vuelo certero y majestuoso sobre la presa. Es un espectáculo de armonía y confianza mutua, una danza atávica que une el cielo y la tierra.
Hoy, sin embargo, este legado de fuerza y tradición se ve amenazado por el impacto del cambio climático y, sobre todo, por el deseo de los más jóvenes de abandonar la dureza de la vida nómada para mudarse a la ciudad. Muchas familias, conscientes de ello, envían a sus hijos a internados lejanos, con la esperanza de brindarles un futuro más seguro y menos implacable que el que ofrece la vastedad de las montañas del Altái.
Mar Pajarón
Viento en nuestra Isla
Viento que cada vez que sopla se lleva tus recuerdos. Nuestro hilo rojo se va desgarrando en mi alma; puñal clavado en mi corazón cada vez que me dices-” no me acuerdo”- con voz de sirena varada. Conversaciones que se deslizan como peces alados entre mis dedos…
Extraño esa complicidad que nos unía como pelusa de gato. Mirada turbia ensombrece las blancas nubes que rodean mi cabeza.
¡Maldito Alzheimer!
Hay un territorio invisible donde los nombres se borran, donde los rostros se confunden y las palabras ya no encuentran su lugar. Ese territorio es el Alzheimer, y es allí donde habita ahora mi madre. Frente a ese mapa roto de la memoria, decidí buscar un lenguaje que pudiera dialogar con la pérdida: la técnica del fotograma.
El fotograma trabaja con lo esencial: luz y sombra. No hay cámara que medie, solo la huella directa de un cuerpo o de una imagen sobre el papel sensible. Es una escritura frágil, hecha de rastros, como si fueran las migas de pan que un recuerdo deja antes de perderse en el bosque del olvido.
A partir de fotografías de mi madre del pasado, fui tejiendo este proyecto. Retratos que alguna vez guardaron la certeza de un instante se deshicieron en figuras difusas, en espectros luminosos que aparecen y desaparecen. Como la memoria de mi madre, unas veces se muestran con nitidez, otras se vuelven inalcanzables, irreconocibles .Alrededor de su cabeza fantasmas transformadas en objetos cotidianos.
Cada pieza es una ventana hacia ese proceso de desaparición lenta, pero también una forma de resistencia. Porque aunque la enfermedad borre, lo esencial permanece: la ternura en la mirada, el vínculo que no entiende de olvidos, el latido compartido que sobrevive más allá de la palabra.
“Viento en nuestra Isla” es un intento de nombrar lo innombrable, de dibujar con luz lo que la oscuridad se lleva. Un homenaje y una plegaria, a las personas que están pasando por ello.
Y a ti : MAMÁ.
Miguel Muñiz
Arde la tierra
El humo cubre el cielo de Galicia y convierte el horizonte en una línea de ceniza. Desde los montes hasta los pueblos, todo parece arder. Los incendios forestales que azotan la región han reducido a negro más de 125.000 hectáreas, dejando tras de sí un paisaje desolado y un sentimiento compartido de impotencia.
En una pequeña aldea del interior, los vecinos luchan contra las llamas con cubos, mangueras y palas. Trabajan codo a codo con los bomberos, que apenas encuentran descanso. “Estamos desesperados, el fuego no da tregua”, reconoce uno de ellos, con el uniforme cubierto de hollín. Las rachas de viento avivan los focos y hacen imposible controlar el avance del incendio.
Entre el humo y las brasas, una mujer observa lo que queda de su casa. “Este año el fuego es tan fuerte que hasta arde la tierra”, dice, mientras señala las ruinas. Su vivienda fue pasto de las llamas en cuestión de minutos. Lo perdió todo: muebles, recuerdos y, sobre todo, una caja con las fotografías de su abuela, aquella a la que nunca llegó a conocer. “Las tenía guardadas desde niña. Era lo único que me quedaba de ella”, lamenta.
La solidaridad, sin embargo, también arde entre las cenizas. Los vecinos se organizan para repartir agua, comida y mantas. Algunos han ofrecido refugio a quienes han perdido sus casas. En las carreteras, tractores y coches particulares transportan cubas de agua para reforzar los medios de extinción.
Mientras tanto, los equipos de emergencia siguen trabajando sin descanso. “La tierra está tan seca que el fuego se propaga por debajo del suelo”, explica un brigadista. “Nunca habíamos visto algo así.”
El viento sopla, el humo lo cubre todo, y la sensación general es de tristeza y rabia. Galicia vuelve a enfrentarse a un enemigo que conoce demasiado bien: el fuego que arrasa los montes, las casas y los recuerdos.
Esta vez, dicen los vecinos, Arde la tierra.
Patricia Ackerman
Animitas
Nace una “Animita” por misericordia del pueblo en el sitio en el que aconteció una ‘mala muerte’. Es un cenotafio popular, los restos descansan en el cementerio, por lo que se honra el alma, la “ánima”. Donde finalizó la terrena jornada, en el mismo lugar se construye una caseta, la que pasa a llamarse casilla, templete, ermita, gruta. Son reproducciones, imitaciones de casas y algunas semejantes a iglesias. Todas ostentan cruces. Se le prenden velas que se colocan en las casetas para precaverlas del viento, las más de las veces están expuestas al aire.
El nombre de “animita” es sólo vagamente conocido en Argentina y Perú, pues se trata de una expresión más propiamente chilena. Proviene del nombre dado a las almas en pena, “ánimas”, pero con un diminutivo que responde a la connotación infantil que es bastante común en el culto animístico. Según exige la tradición popular, estas animitas se colocan especialmente para gente muerta de forma violenta (accidentes, crímenes, suicidios, etc.), pues se cree que su alma sigue rondando a medio camino entre el mundo de los vivos y los muertos cerca del lugar de su tragedia final. En otros casos, se aclara también que permitiendo al fallecido conceder favores, se facilita su entrada al Cielo.
De alguna manera, entonces, las animitas son intermediadas entre planos de existencia: entre el mundo de los hombres y los espíritus. De ahí que no todas sean estrictamente altares colocados sólo en el lugar de la muerte de una persona, sino también en sus tumbas o, en otros casos, a entidades “santas”, pero siempre asociadas de alguna forma al misterio de la muerte.
Santiago López Castro
Wagah
Wagah, es el cruce fronterizo del Punjab más famoso entre Pakistán e India.
Tras la partición del subcontinente indio en 1947, el Punjab fue dividido entre India y Pakistán, lo que provocó uno de los mayores desplazamientos humanos del siglo XX. Millones de musulmanes se trasladaron al Punjab pakistaní, mientras que hindúes y sijs se dirigieron al lado indio. Esta migración masiva estuvo marcada por violencia y sufrimiento, dejando cicatrices profundas en la región.
Durante las décadas de los años 80 y 90, el Punjab experimentó un crecimiento económico significativo, impulsado por la agricultura, la industrialización y las remesas enviadas por emigrantes punyabíes en el extranjero. Sin embargo, esta bonanza económica también generó desigualdades entre zonas urbanas y rurales, así como entre distintas clases sociales.
La región también ha sido escenario de tensiones con India, especialmente en el contexto de Cachemira y los conflictos fronterizos, dada su cercanía a la Línea de Control. Al mismo tiempo, el Punjab ha mantenido una cultura viva y diversa, donde conviven tradiciones sufíes, poesía punyabí, música folclórica y festividades populares.
Nos encontramos con los ingredientes de una región fronteriza, en consecuencia convulsa, con dosis de tensión política, étnica y religiosa, incluso violenta, pero al mismo tiempo nos veremos inmersos en calles vibrantes, mercados bulliciosos, un lugar desafiante para tomar imágenes con la oportunidad de capturar momentos auténticos, dentro de un ambiente dinámico y cautivador, además los protagonistas gozan de una amabilidad y hospitalidad que provoca incluso el sonrojo del visitante, donde sus costumbres y celebraciones se realizan con especial entusiasmo, ya sean islámicas o tradicionales.
El Punyab pakistaní ha sido, es y seguirá siendo el corazón de Pakistán.
Tete Alejandre
Cargo
Si la población mundial llegase a alcanzar los 9.600 millones en 2050, se necesitaría el equivalente de casi tres planetas para proporcionar los recursos naturales precisos para mantener el estilo de vida actual. El consumo y la producción constituyen el núcleo de la economía mundial. Sin embargo, las actuales modalidades de consumo y producción insostenibles conducen a la deforestación, la escasez de agua, el desperdicio de todo tipo de materiales, productos y alimentos así como a elevadas emisiones de dióxido de carbono, causando la degradación de ecosistemas clave, entre ellos el ecosistema marino, que cada vez se encuentra más contaminado y amenazado.
En este escenario surge el Proyecto CARGO, ensayo visual basado en la fotografía artística que utiliza los espacios portuarios como escenario para trabajar conceptos de la sociología del consumo, el poder y la sostenibilidad en los tránsitos y flujos de mercancías y personas. CARGO plantea una propuesta visual que surge del interés por utilizar la fotografía y el proceso de creación fotográfica como instrumento para la reflexión y el análisis sociológico enfocado en la sociología del consumo y los estilos de vida actuales . El consumo, amplificado por las nuevas tecnologías de información y comunicación, se ha convertido en un fenómeno que depende cada vez más del deseo que de la necesidad. Lo que antes era sinónimo de prestigio, el paradigma de tener objetos que duraran toda la vida, ha dado paso a un sistema donde los objetos son casi desechables. Esta transición donde los bienes tienen una corta vida y cuyo valor es el prestigio inmediato de poseerlos, está enraizada en la creación de necesidades y deseos que sostiene el actual nivel de producción de bienes. Este sistema está planteando serios problemas de sostenibilidad a la vez que desarrolla la necesidad de una producción cada vez más intensa y polarizada y un consumo cada vez más interconectado que acrecientan necesidades constantes de transporte de mercancías, con el derivado agotamiento medioambiental.
Resulta totalmente imprescindible un serio replanteamiento de nuestro estilo de vida, de nuestras pautas de consumo, un reinicio desde lo individual para lograr un cambio colectivo. Una revisión que conlleve una modificación sustancial, un cambio de paradigma que busque la sostenibilidad y el bien común como eje central de nuestra forma de vida.
XPO Off
Zona Cero
Lucía Otero Pazos
Cubrir los incendios de este verano en la provincia de Ourense fue convivir a flor de piel con el miedo, los nervios, la rabia y la impotencia de los vecinos y vecinas. El fuego caló tan dentro de mí que nunca me planteé mirar hacia otro lado.
Estas fotografías nacen de estar ahí, cuando los ojos escocían, el calor apretaba, respirar se volvía difícil y las llamas amenazaban con llevarse todo por delante. Todo ello acompañado por una banda sonora angustiosa: gritos de miedo, sirenas, desesperación.
Las personas son el eje central de este trabajo. A todas las une un mismo denominador común: el arraigo a su tierra, a sus raíces, y el dolor profundo de ver arder sus hogares. Mientras fotografiaba, y mientras escribo estas líneas, pensaba en lo duro que tiene que ser perder tu casa de esta forma. Al final y al cabo, es como ver desaparecer toda una vida.
Aldeas aisladas y olvidadas, habitadas en su mayoría por personas mayores, fueron devoradas por el fuego. Lugares a los que su población se aferra con una dignidad inquebrantable. Esta serie de fotografías habla de la vulnerabilidad extrema ante el fuego, pero también de la resistencia de una tierra y de su gente. De un Ourense que duele, pero que sigue en pie.
Cero Plumas
Nicolás Bernal
Cero Plumas es un ensayo visual autobiográfico que surge desde una herida: la violencia ejercida contra la expresión afeminada en una infancia y adolescencia indígena en el contexto colombiano. A partir de intervenciones sobre su archivo familiar, la escenificación de recuerdos fragmentarios y la relectura de dispositivos de poder, el autor trabaja con el cuerpo como un archivo vivo: un lugar donde lo borrado reaparece, la memoria se activa de forma sensible y lo personal se transforma en un tejido colectivo.
Desde marcos críticos de comprensión como la colonialidad de lo transgénero, planteada por Di Pietro, P. J., Cero Plumas cuestiona cómo la colonialidad impuso un régimen binario y jerárquico, cisnormativo, heterosexualista e impermeable que anuló la pluralidad sexual y de género presente en algunos pueblos indígenas de Abya Yala (América). Además, propone, a partir del concepto de lo ch’ixi desarrollado por Silvia Rivera Cusicanqui, habitar la mezcla, la ambigüedad y la contaminación afectiva entre lenguajes cuir/queer e indígenas como un espacio compartido de sanación, de siembra de futurismos diversos y de revitalización de cosmologías andinas fragmentadas, lo que posibilita nuevos horizontes de existencia para el buen vivir.
Frente a la plumofobia y a la exigencia disciplinaria de “no tener pluma”, el proyecto decide exponerla y subvertirla, devolviéndole su potencia como signo de diferencia y desobediencia. El autor reivindica el derecho a habitar lo anómalo y lo raro; a reapropiarse de estéticas heteronormativas para reinterpretarlas; y a celebrar la disidencia sexual y de género en respuesta a las políticas de la muerte. Narra esta historia para encontrar pertenencia, no en el lugar que le fue negado, sino en el lenguaje y los vínculos afectivos que construye desde la afirmación cuir/queer y la resignificación de la herida colonial.
