Los límites del paisaje en la narrativa visual de Ciuco Gutiérrez

Exposicion antológica de Ciuco Gutiérrez

29 NOVIEMBRE a 30 DICIEMBRE INAUGURACIÓN: 29 de noviembre a las 19:30 h.
CONFERENCIA A cargo de Ciuco Gutiérrez: 29 de noviembre a las 18:00 h.
Fotografía de Ciuco Gutiérrez

Muestra antológica de Ciuco Gutiérrez en Torrelavega

Es para mí una gran satisfacción presentar esta magnífica exposición del reconocido artista torrelaveguense Ciuco Gutiérrez. Como concejala de Cultura, constituye un verdadero honor poder acoger la obra de uno de los autores más innovadores en la renovación de la mirada fotográfica en nuestro país.

Su trabajo ha sido expuesto en los espacios más prestigiosos de la fotografía, no solo en España, sino también en museos y colecciones internacionales de gran relevancia. Cabe recordar que Ciuco fue uno de los primeros fotógrafos en presentar e introducir la fotografía en la Feria de Arte ARCO de Madrid, a comienzos de los años noventa.

Hoy tenemos el privilegio de disfrutar de su talento aquí, en Torrelavega, en el Centro Nacional de Fotografía José Manuel Rotella. Es una ocasión extraordinaria para adentrarnos en su universo creativo y apreciar la excelencia de su trayectoria.

Esta muestra nos brinda la oportunidad de acercar a nuestros vecinos y vecinas una selección representativa de más de tres décadas de su extensa producción artística. Un trabajo que enriquece nuestra vida cultural y del que nos sentimos profundamente orgullosos. Vaya desde aquí mi más sincero agradecimiento.

Les invito a recorrer cada espacio de esta exposición, dejarse acompañar por las imágenes y descubrir la belleza y profundidad del arte que Ciuco Gutiérrez nos ofrece.

Fotografía de Ciuco Gutiérrez

Torrelavega imprime carácter

Estoy seguro que gran parte de lo que he hecho en mi vida artística tiene que ver porque soy de Torrelavega y, con el añadido de vivir en Chopos (que era como una ciudad sin tiendas, ni bares, independiente de Torrelavega). Me explico:

Soy del 56 y entonces Torrelavega era otra cosa. Era como bipolar. Chopos, ir a Torrelavega. El mercado del jueves en la plaza mayor, el de ganados en La Llama. Los coches de choque, la noria. La muñeca chochona, el perrito piloto. Santos, Blanco. Instituto masculino, Instituto femenino. Los curas, las monjas. Paseo por los soportales, paseo por el boulevar. EL caballo de Rekalde, los pollitos del escaparate de la calle Joaquín Hoyos. La iglesia vieja, la iglesia nueva. El guardia de Cuatro Caminos, Mero el barrendero. Solvay, Sniace. La peña bolística, Mallavia, las demás. Viento Sur, Nordeste. La Concha, los Locos. El Saja, el Besaya. El Sorravides, el Indiana. Inglés, francés. El Garcilaso, el Avenida. La cochona, a dedo. La tortilla del Central, los pinchos del Chema…

Además, en aquella época había slogans que te resonaban en el cerebro (al menos en el mío) sin parar: “en invierno y en verano calzados Campuzano” (muy de radio Torrelavega) y “Fotos Billy, no soy mejor pero soy bueno” (lección para la vida rotulada en la fachada de su minúsculo estudio al lado del Toledo).

El caso es que sin quererlo estabas todo el día tomando decisiones con solo dos opciones. La complejidad no era lo más fuerte de Torrelavega. Eso , todo los días, marca, imprime un sello indeleble que configura una manera de ver y sentir el mundo.

Con estos mimbres llegué a Madrid en 1975 y descubrí una ciudad con más matices y, por supuesto, muchos más habitantes. Shock y mucha emoción. Viví el cambio de registro de la transición. El ansia de libertad y la aventura de la transformación de una sociedad. Sin ser esperada llegó la “movida” con nuevos sonidos, nuevas formas, nuevos colores y mucha alegría vital.

En ese momento el cóctel Torrelavega/Madrid encajó y empecé a soñar imágenes que fui fotografiando y desde la primavera de 1983, mi vida cambió. Tenía un lenguaje visual propio, que solo me pertenecía a mi. Ahí empezó toda una aventura de creación que me ha hecho viajar por medio mundo y me ha traído de nuevo a mis orígenes con esta exposición que se presenta ahora, a finales del 2025 en Torrelavega.

Por llamarme Ciuco, a lo largo de mi vida infinidad de personas me han preguntado que de dónde viene mi nombre. Cuando digo que viene de Cántabria suelen hablar de Santander. Les corrijo al instante y les digo: “soy de Torrelavega que imprime más carácter”. Para mi que les dejo sin palabras.

Fotografía de Ciuco Gutiérrez

Los límites del paisaje en la narrativa visual de Ciuco Gutiérrez

El fotógrafo ha dejado de llevar a sus espaldas
la pesada carga de documentar la realidad

Ciuco Gutiérrez

Para Ciuco la realidad no es un camino por el que alguna vez hubiera pensado transitar. El mundo de sus ideas es la base de su propia esencia creativa.

Conocí a Ciuco con motivo de haber ganado el Premio Kodak España en 1990. Por aquel entonces yo ejercía de corresponsal en Madrid, de la revista catalana ”La Fotografía” y de común acuerdo con Salvador Obiols, su director, decidimos hacer a Ciuco una entrevista y editar un portafolio suyo. La revista publicaba cuatro o cinco portafolios en cada número. Lo hacía de autores conocidos y, también, de aquellos que considerábamos que reunían los requisitos para ser nuestras apuestas de futuro. La revista se completaba con artículos de opinión, técnicos (los menos) y la necesaria publicidad. Era de grandes dimensiones, por lo que las imágenes podían gozar de generosas dimensiones.

El encuentro se produjo en la galería Ángel Romero, en el momento que Ciuco trabajaba con una cámara de formato medio, enganchada mediante un largo cable a un flash, reproduciendo obras pictóricas que se iban a exponer en la galería y que ya se encontraban colgadas. La entrevista publicada, de la que aún conservo ese número, llevaba por título “Ciuco Gutiérrez domesticador de lo kitsch”.

Y de eso trataba su trabajo, de domesticar aquellos objetos que con ese adjetivo podrían haber estado expuestos anteriormente sobre cualquier televisor de cualquier casa pero, casi siempre, posado sobre ese aparato televisivo por un esmerado trabajo a ganchillo de la dueña. Sin embargo, resultaba Kitsch el resultado. Éste, respondiendo a su mundo interior, era construido con tanta antelación a la hora del disparo que nada estaba sujeto a la improvisación. A partir de su puesta en práctica, esos objetos –desechados o desechables- iban formando parte de la composición final alejándolos de lo que para un día fueron creados y que ahora pasaban a formar parte de una nueva y sugestiva creación. Eso sí, sin miedo y sin solicitar su aceptación ni los a unos ni a los otros.

La elaboración de sus bodegones terminaban en paisajes artificiales, calles de una imaginada ciudad, monumentos como La Cibeles u otras escenas con figuritas de plástico de vaqueros americanos, con un juego de palmeras, o cualquier otro añadido que iban surgiendo pasando a formar parte de ese universo imaginativo y onírico según las circunstancias y la evolución en los diferentes tiempos creativos.

A partir de ese momento, casi por arte de magia, se generaban un nuevo mundo de la imagen y los objetos antes denostados, colocados en sus nuevos escenarios, adquirían preponderantes posiciones, como objetos protagónicos y participando de un fresco y determinado estilo. Que, por otra parte, en poco o nada se asemejaba al academicismo del momento. Por aquella época, las imágenes de Ciuco se salían de esos cánones que numerosos fotógrafos de la época entendía debían ser en el consabido y generalizado “blanco y negro” y nunca con un color tan protagonista; casi una firma.

Fotografía de Ciuco Gutiérrez

Sin embargo, su trabajo no dejaba indiferente a nadie. Tenía y tiene, un público seguidor, que se centraba en los mensajes implícitos de sus propuestas, ya fueran obras individuales o series. Ejemplo de ello y del momento de la entrevista era el trabajo denominado “Doce asesinatos y un suicidio”. Reconozco que este trabajo me atrapó. Y fue lo que se publicó, aunque, en un principio, me generó un cierto desconcierto al tratar entender el sentido ”práctico” del mismo. ¿Quién compraría esto?, ¿dónde se podría exponer? Sin embargo y en contra de mis reflexiones, consiguió vender la serie. Pero lo que sí me quedó claro en aquel momento, era que ese trabajo había que llevarlo a las páginas de la revista..Esa sensación de fuerte atracción, es parte de los efectos que la obra de Ciuco Gutiérrez ha ido causando por los lugares por los que se ha expuesto.

Tampoco dejó indiferente a nadir la serie “Un lugar donde vivir, estar”, exposición que presentó en una de las primeras ediciones de las Jornadas Fotográficas de Guardamar del Segura en el año 1999. En esta ocasión, sus objetos de plástico se movían entre las curvas y siluetas de un cuerpo desnudo, creando paisajes de dudosa realidad, pero que en un primer y rápido golpe de vista, parecía estar en un desierto de fina arena. Esta vez el viaje iba desde la ficción sugerida por autor, a una falsa realidad que podía entender un espectador, y al momento ese mismo observador podía comprender el juego de la ficción.
Más tarde llegaron otros trabajos y entre ellos la serie de las lámparas, con sus paisajes a veces contradictorios y otras veces con la intención de mostrar una relación que pueda parecer incoherente. Se podría decir que el paisaje original se encontraba incompleto y que el autor colaboraba en mostrarlo “compositivamente” concluido. O sencillamente, las lámparas y su nivel en el mundo comercial eran disonantes con el paisaje —de barrios periféricos o partes de ciudades— que jugaban a decorar-iluminar.

Sus dotes docentes son otro de los valores que a lo largo de su vida ha ido demostrando por múltiples latitudes. Coincidimos en la Universidad Hernández en la que sus seminarios y enseñanzas orientaban y reforzaban las decisiones de los estudiantes en sus proyectos personales, con los que obtendrían la nota final.

Por otro lado, es uno de los pocos fotógrafos que desde sus inicios vinculó su fotografía a las galerías de arte. Apareciendo, mediante ellas, en varias ediciones de la Feria de Arco en Madrid. Entendiendo que la fotografía, al igual que otras disciplinas creativas, debería de ocupar su espacio en estos lugares del arte y del comercio.

Es un creador nato en una búsqueda permanente dotada de una narrativa potente en cada una de sus obras, pero pretendiendo ir más allá. Ironiza con múltiples temas de la vida, con espíritu subversivo en lo conceptual, incluyendo alguna paradoja que nos llama a la reflexión.
El color ejerce el papel de trasmisor de sus mensajes y de identificación de su estilo. Sus ideas, algunas veces producto de los sueños, son, en ocasiones, composiciones con una fuerte carga de impacto visual que pertenecen a la creación más contemporánea. Pero además no son neutrales, encontramos en algunos críticos mensajes cuando éstos se nos presentan de forma más explícita.

Por último, si deseáramos ubicarlo en una determinada corriente artística del medio fotográfico, no sería tarea fácil. Ni pide ni parece desear su “clasificación”. Incluso se hace difícil su ubicación junto a algunos de los autores y obras con algún remoto parecido. Quizás se trate de una fotografía crítica-fantástica, irónica, incluso socarrona y, la mayor parte de las veces, primorosamente sutil.

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