ANTONIO MANZANO

Fotógrafo del documentalismo social

INAUGURACIÓN: 1 de junio a las 19:30 h.

PRESENTACIÓN

La muestra expositiva que ahora presentamos del fotógrafo Antonio Manzano, se enmarca en uno de los cuatro pilares que desde la Concejalía de Cultura y el Photo Art Festival queremos desarrollar en el CNFOTO.

Uno de ellos es el Certamen de Portafolios que tan buena acogida está teniendo en el panorama nacional y en la participación de fotógrafos/as de la América de habla hispana. Otro, trata de la recuperación de la Memoria Fotográfica de Torrelavega. Un tercer pilar, busca a las gentes de Torrelavega en sus aficiones y trabajos «Personas y personajes», con especial inclusión de los jóvenes. Y por último, y de eso se trata esta muestra, será de autores consagrados. Es la línea que está dirigida a aquellos fotógrafos con dilatada experiencia en el medio y cuyo trabajo ha recorrido varias décadas y dejado poso de buen hacer.

En el caso de Antonio Manzano, se trata mostrar la obra de un fotógrafo que ha establecido un compromiso visual con las gentes más desfavorecidas de nuestra sociedad. Esta visión es parte de su trabajo, pero ha sido una constante y creemos que es la más identificativa de su actividad profesional. Niños, ancianos, migrantes, trabajadores de actividades laborales duras, la vida de los barrios periféricos de otros tiempos, etc., con independencia de los lugares que por oficio o por afición ha ido visitando a lo largo de su vida, son los temas de esta muestra.

Antonio nos obliga con sus obras, salvando la temporalidad de las mismas -lo que se muestra no deja de ser un resumen a lo largo de una vida de recolector de situaciones-, a fijarnos en los seres no visibles. Aquellos que deambulan por las ciudades, nativos o migrantes, en busca de un futuro mejor.

La muestra es una oportunidad para la reflexión. y dado que la imagen fotográfica nos presenta diferentes tipos de fotografías, por hacer una división drástica en dos grupos, las que pertenecen al plano creativo y las otras, las que lo hacen en el ámbito documental, son las obras de Antonio Manzano las que pertenecen a este segundo grupo, pero siendo testigo de un tipo de vida que no siempre va a tratar de situaciones amables o que nos alegren el momento al verlas. Esta muestra tiene un marcado contenido social.

Fotografía de Antonio Manzano

Años 70, Mataporquera

Antonio Manzano. Fotógrafo del documentalismo social

Presentamos con agrado una reducida parte de la extensa obra de Antonio Manzano, uno de los autores cántabros más representativos. Sus más de setenta años son parte de la causa, junto a su vocación incansable por documentar. Ya observamos que, desde el momento más inicial de sus contactos con la cámara, su intencionalidad se vuelca en recoger una forma de la vida que quizás no sea la que más se visualiza. Su compromiso con el mundo de los no favorecidos le ha llevado por los caminos de esos personajes que están ahí, pero que se hacen invisibles a los ojos de todos, incluyendo de los gobernantes.

Se trata de una parte de los seres humanos que, desde los lugares de la más pura y honrada miseria, han luchado y luchan por subsistir. En el trabajo de Antonio, desde las primeras fotos de los años sesenta, hasta nuestros días, sí se aprecian los avances sociales. Aún así, esa evolución en sus fotografías no parece suficiente, por lo que siguen existiendo parecidos escenarios parecidos, por encima de los cambios estéticos en las ciudades. Por eso, nos sigue mostrando a los sectores sociales desfavorecidos, con la misma o parecida carga del drama. Perder el trabajo o no encontrarlo, nos puede dejar, hoy, en la más clara desesperación.

Es una fotografía que no deja tranquila a las conciencias de los que han visto su trabajo. Y a su vez, es una forma de llamada reivindicativa a paliar con ese extremo en las desigualdades sociales.

El mundo del trabajo más duro, desagradable o con riesgo físico, ese que va a dejar huellas en el individuo que lo tiene que hacer por sus circunstancias, junto a los desplazamiento sociales motivados por las migraciones, la soledad de la vejez, de la infancia difícil, de las etnias y razas en tránsito, el retrato directo de gentes a modo de documento de identidad o los tiempos de descanso y relajo en forma de bálsamo de Fierabrás, son parte de las temáticas que vamos a ver en esta amplia muestra.

Desde la parte técnica de intencionalidad en la construcción del mensaje implícito, tenemos que indicar que este tipo de mundo al que nos acerca, tiene por finalidad el que recordemos que existe. Lo trata, el autor, de tal forma, que nos puede generar un cierto desasosiego por el contenido y formas de vida de sus protagonistas. Nos obliga a que estas fotografías sean visualizadas, esta vez –nosotros- como observadores.

Su construcción tenebrista, nos recuerda, en algunas obras, a los pintores barrocos del siglo XVII: Caravaggio y José de Ribera. En las pinturas de éstos, las luces y las sombras deambulan mezclándose y ocupando casi todos los espacios sin concesiones a los tonos intermedios.

Al igual que los anteriores pintores, Antonio hace uso de ciertas técnicas para reforzar la presencia de los personajes principales, aumentando los negros y reforzando las luces cuando éstas refuerzan su presencia. También, esta manera de representar, podría ser una forma de rememorar un cierto pictorialismo tardío.

Otro factor de importancia es el uso de lo que denomino “teoría del punto negro” en la identificación del sujeto: Se trata de situar al sujeto de la fotografía con el negro, en lugar de lo habitual que es hacerlo con los tonos claros. Y lo hace porque domina el contraluz y sus efectos de atraer para sí la atención en la propuesta visual, siendo ésta la que sea, pudiendo tratarse de un paisaje tranquilo o de una actividad laboral o social. Y de esta forma, encerrado en “lo negro”, pasa a ser el indiscutible actor principal.

Domina la construcción de la imagen y sabe situar el elemento principal o protagonista, de tal forma que, con independencia del lugar y volumen que ocupe en la fotografía, es imposible evitar que nuestros los ojos, los del observador, vayan a otra parte. Es por tanto, una composición muy estudiada y consustancial con su forma y estética de trabajo. Es algo que se podría aprender, pero que en algunos fotógrafos forma parte de su esencia.

Las obras de Antoni Manzano tiene la propiedad, todas ellas o quizás algunas más que otras, de insertarse en la memoria a modo de referencia visual incombustible. Es una fotografía que despierta nuestra conciencia ante las injusticias y desigualdades. Nos llevan, sin quererlo, al recuerdo de momentos de los que todos/as hemos sido testigos de escenas similares o, incluso, en algún caso, han sido personas más próximas o conocidas las que han padecido estas situaciones.

Su obra tiene esa fuerza de los que buscan mantener presente lo que no se desea ver o se tapa. Es un ejercicio para el recuerdo de lo que sigue existiendo, incluso, en los entornos periféricos de este nuestro confortable primer mundo.

Fotografía de Antonio Manzano

1977, Santander, lonja antigua

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